domingo, 10 de octubre de 2010

Volaba con gaviotas

Estaba buscando fotos en mi pc, y encontré algo súper antiguo, que escribi el 2008, era para un concurso de cuentos con temática ecológica, de ecológica no tiene tanto pero acá les va:

Estábamos en pleno verano… el cielo sobre Viña no podía estar más hermoso, el sol me cegaba y cada vez sentía más ganas de bajar a la playa.

Desde la terraza de la pieza de mis hijos se tenía una vista privilegiada de la playa, mi marido no iba a llegar a almorzar hoy, es el jefe de una firma de abogados en santiago, TÓXICO, siempre que puedo me escapo a nuestra casa en la quinta región junto a mis hijos de 8 y 14 y mi hija de 16, le pedí a nuestra nana, doña Hilda, que me preparara un té helado, me puse traje de baño y me senté a tomar sol en la terraza, me consideraba adicta al sol, después de mis hijos es lo mas maravilloso de la tierra.

El reloj todavía no marcaba las 3 y mis hijos ya se estaban preparando para ir a la playa, mi hijo mas chico, Agustincito, me iba a tapar el sol cada cinco minutos, es adorable.

Mi hijo Francisco lo subía en su hombro y se lo llevaba para que no me molestara, la Rocío, es la más grande solo se miraba al espejo, salió a su madre.

Mi matrimonio con Santiago no podía ser mejor, teníamos tres hijos maravillosos, tenía un trabajo muy flexible y además era jefe, vivíamos en La Dehesa, una casa maravillosa (con una gran terraza para el sol), por muy maravillosa que fuese nuestra casa, no puedo lograr que me guste el aire en Santiago, prefiero Viña… es tan libre de los atentados de la humanidad hacia el medio ambiente, lo encuentro tan natural, tan libre, tan… ALEJADO DEL SMOG si tan solo…

¡MAMÁ!, era un grito directamente en mi oído, agustincito quería bajar a la playa, ya había llegado Santiago y yo… reflexionando en mi sueño. Solo podía ver la sonrisa y la carita llena de pequitas de mi hijo, lo abrasé sin levantarme de la repasadera y lo atraje hacia mí, le hice cosquillas hasta que empezó a sudar su rubia cabecita.

Le pregunté cuanto había dormido, miro la hora y había estado más de una hora…

En cinco minutos ya estaba nuevamente tomando sol en la playa, la rutina pareció ser la misma durante toda esa semana, sin embargo, a veces en esa actividad me acompañaba mi hija.

Se acercaba el último fin de semana y de vuelta a SANTIAGO, no recuerdo ninguna actividad fuera de lo común que hubiese realizado en el verano, un verano de paz y familia en viña.

El primer día de clases tanto como el viaje de retorno a La Dehesa y abandonar viña hasta el otro año fue muy nostálgico, fuimos a dejar juntos a mis hijos al colegio ese día, hace un par de días atrás la rocío me había comentado una acumulación de pecas misteriosas en su pecho, yo lo encontré biológico pues todos en mi familia somos pecosos, pasaron los días y las pecas en la Rocío se multiplicaban hasta tal punto de convertirse en manchas, me preocupé, pues yo empecé a sufrir el mismo mal, con Santiago pensamos en algo de la edad en mí y algo genético en la Rocío.

Llamamos al médico de la familia y fue muy frontal en su respuesta, después de varios chequeos que nos realizó juntas a mi hija y a mí, habló primero a solas con Santiago, luego con mi hija, Santiago y yo.

Santiago me apretaba la mano muy fuerte y se le llenaban los ojos de lágrimas, la Rocío nos miraba con preocupación y nerviosismo, miedo…

Bueno… En base a los exámenes que realizamos en las dos tenemos un diagnóstico no muy alentador –Dijo el doctor-

¿¡Qué Pasa mamá!?-Dijo Rocío-

Bueno, este… em… ambas tienen ya un cáncer... a la piel - Dijo el doctor-

Luego de eso hubo un silencio devastador, de esos que destrozan el alma acompañados por la caída de lágrimas y miradas de pésame.

Santiago se desplomó en llanto con un tono de culpa y compasión, mi hija simplemente no lo podía creer, me abrazó fuertemente mientras comenzaba su lento sollozo…

Pasó más de un mes y nuestra enfermedad estaba muy clara, las recomendaciones y todo lo que debíamos dejar, por supuesto deberíamos abandonar viña, su sol y sus playas.

Todos sabíamos que mi hija no era tan adicta al sol como yo, por lo tanto nuestra enfermedad no se produjo por eso, el solo hecho de tomar harto sol en nuestros días puede significar tener cáncer…

Me doy cuenta lo potente que es la palabra cáncer, tiene una potencia más allá de cualquier otra emoción producida por una palabra, esta producía miedo, desconsuelo y muerte, recordaba soledad y dolor, me recordaba rencor y odio hacia la humanidad, una humanidad descarada e inconsciente que hace daño sin pensar en consecuencias, en consecuencias que nos afectan a nosotros mismos y mucho peor a nuestra familia, a nuestro entorno y por lo tanto a nuestra felicidad, una inconciencia sin límites, devastadora y oportunista que su único motivo no es mejorar calidad de vida es llenarse los bolsillos con dinero, dinero fácil y sucio, ¿Pero a qué costo? ¿Privándonos de toda alegría como lo era para mi esas largas conversaciones bajo el sol con mi hija?

¿Destruyendo todo lo que nos entregaron para edificar un infierno sobre el lleno de gente infeliz, destruida, corrompida?.

Todo eso pasó por mi cabeza en una fracción de segundo, todo eso pensé en el gélido y demoledor silencio en la clínica.

Los mese siguientes transcurrieron igual en materia de actividades, íbamos a eventos sociales con mi marido, las cosas del colegio de los chicos etc.

De hecho lo único que cambió en nuestras vidas fue la forma de ver esta, de aprovechar cada instante y unirse a causas por un mundo lleno de vida y naturaleza, a apoyar causas de verdad, a destinar nuestro dinero no solo en mis tratamientos sino para tratar de recuperar nuestro planeta.

Mi hija se pudo recuperar levemente, mi cáncer se expandió y tenía los días contados, durante mucho tiempo me olvidé del dolor de la enfermedad y el cariño de mi familia y la alegría de poder ayudar por un mejor planeta quizás no para mis hijos… pero para mis nietos me consumió, toda esa felicidad y compañía me rodeó y pude morir en paz.

La furia que me rodeó al enterarme de cómo he vivido tanto tiempo haciéndole daño a mi hogar se apagó al ver que yo puedo revertir esta situación, al darme cuenta de que cree una familia llena de conciencia y amor por la vida, lo más difícil de todo fue contarle ami hijo menor… Francisco ya se entera solo de las cosas, no fue necesario contarle nada, pero el amor que compartimos mis últimos días fue intoxicante… fue un elixir de amor, Agustincito se lo tomó bien, todavía no entendía que no me volvería a ver, constantemente lo encontraba llorando abrazado a doña Hilda en la cocina.

Esas escenas me desgarraban el alma, todavía tenía ganas de vivir, ganas de ver el fruto de mis enseñanzas y acciones, querer ver que todo funcione y que todos vivan en paz,

Mi dolor no podía ser peor, pero ya no me importaba mi enfermedad, estaba en la clínica rodeada de mi familia y seres queridos todos mirándome con felicidad y apoyo, sabían que donde estuviese sería un lugar mejor, que toda mi larga espera había terminado, a mi hija le quedaba más tiempo pues era joven, iba a tocar el cielo, el mismo que me hirió, pero ya no me quemaría, ahora abrazaría el sol que tanto amé y que me recordará siempre a mi familia.

suaves brisas del cielo porteño me rodearon y me mecieron, en su calor veraniego, volaba con las gaviotas.

La conclusión se la dejo al lector.

No hay comentarios:

Publicar un comentario